ENCICLOPEDIA DE LIBROS ESPAÑOLES DE AFORISMOS (2010-2018), VI


En esta sección estamos recopilando los mejores aforismos de los libros escritos por autores nacidos o residentes en España, y publicados en nuestro país a partir del año 2010 en adelante. Lo hacemos para reunir en un único espacio virtual la más ingente cantidad de información posible sobre este tema, a modo de "enciclopedia" para su consulta por parte de cualquier interesado o estudioso en el futuro.

Nota del editor.- La reproducción de los textos se realiza a título informativo y de documentación científica; conminamos fervorosamente a la adquisición de los títulos para sostener la industria editorial española. Y si el libro ya ha sido descatalogado o se agotó y no ha vuelto a ser reeditado, quede aquí constancia de su existencia como muestra de reconocimiento hacia el autor y los editores.


JORDI DOCE
PERROS EN LA PLAYA
La Oficina Ediciones
Madrid
2011
S/P


Hacer de sus restas una suma, por pequeña que sea. La vocación profunda del aforista.

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Demasiados críticos acercándose a los libros como si fueran trampolines. Demasiados cayendo de nuevo a la piscina de sí mismos.

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A veces lo más próximo es lo más inalcanzable.

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El regreso es siempre a otro lugar.

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No tengo pensamiento propio, como no es propio el aire que respiro. Según donde esté, así respiro, así pienso.

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Abrió la boca, se metió la mano en la garganta, y uno a uno fue sacando a todos los que había sido en el pasado. Después quedó flotando en el aire.

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Una cosa o un edificio son formas de acrecentar el espacio, de dar forma al aire y hacerlo más holgado.

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El único mástil al que podemos atarnos es al de nosotros mismos: nuestra soledad, nuestro orgullo, nuestra invisibilidad.

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Necesidad, al modo oriental, de hallar consuelo en los detalles más nimios. Acaso ellos sean los únicos que permanecen incontaminados a lo largo del tiempo.

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Se encierra en la frase más breve posible, y aun así le queda espacio para tomar aliento y decir otra.

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Un país en el que nadie habla de lo que sabe. Todos son maestros y alumnos a la vez.

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Las mejores historias exigen que las contemos. Pero ganan en fuerza si nos resistimos un poco.

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Pasear, para que la cháchara incesante de la conciencia se convierta en ruido de fondo.

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No tener miedo nunca es de necios. Tenerlo siempre es de locos. Así pues, mi relación conmigo mismo oscila fatalmente entre la necedad y la locura.

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En el arte, tan importante como lo que uno hace es lo que uno decide firmemente no hacer.

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Algo se rompió para que estos fragmentos emergieran, pero ¿qué?

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No se cree mejor que nadie. Él también fue nadie alguna vez.

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Las palabras: trenes que pasan una y otra vez ante lo que no tiene nombre.

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Cuando no sé de dónde vienen ni adónde van, ¿cómo pretender que estos fragmentos sean de mi propiedad?

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Le decepciona que los hechos le respalden. Creía tener más imaginación.

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Estas palabras, a lo más: gotas de lluvia repicando en un mar plomizo.

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No esgrimas tu sinceridad como un arma. Tendré que mentir para defenderme.

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Es todo aquello que no pudo elegir, y ahora no querría ser otra cosa.

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La luz siempre da en el blanco.

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La extraña metamorfosis que convierte el camino de cabras de la escritura en una autopista para la lectura.

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No tener enemigos es otra forma de soledad, tal vez la más estéril.

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Cuando vivir no es más que el esfuerzo por concertar la decadencia de las distintas partes de nuestro cuerpo, de manera que todas mueran a la vez.

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Nada ocurrió. Nada dejó nunca de ocurrir.

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El tiempo cura las heridas, tal vez, pero a costa de anestesiar todo cuanto las rodea.

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Es la misma puerta, sí. ¿Por qué, entonces, nos entregan cada día una llave distinta?

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Frases como pértigas, para saltar por encima de uno mismo.

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Todo huye hacia otro lugar. Y ese lugar está en nosotros, y no lo vemos.

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¡Qué felicidad, ser todo lo que nadie espera de mí!

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La multitud se aparta con secreta y misteriosa unanimidad, y en el margen abierto surge un recién nacido.

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Escribir siempre frases que se inauguren a sí mismas.

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Los que cumplen a rajatabla la orden con que nacieron al mundo. Los que no pueden, no saben, no quieren cumplirla. Los que tratan de averiguarla quién la dio.

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Escarbar en los estratos de uno mismo como un arqueólogo. Pero primero hay que dejarse arruinar.

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Mira bien ahí dentro. ¿Qué ha ocupado el lugar de las palabras que dejaste salir?

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Tu cara en el espejo cada mañana, como una palabra repetida una y otra vez hasta que se vuelve comprensible.

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Que las reglas no te impidan ver el juego.

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Habiendo tiempo, de nada nos libramos.

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Si lo pienso bien, en realidad ya no leo -ni busco leer- más que fragmentos. Es decir, convierto en fragmento todo lo que leo.

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¡Cuidado! Mi inconstancia también es un método.

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Aún estoy por hacer, sigo en manos del tiempo, las herencias y azares que hay en mí no terminan de asentarse.

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Amar como ama el ojo, dejando intacto el objeto de su amor.

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Quiere frases llenas de vida. Pero entonces se revuelven y dicen justamente lo contrario de lo que él espera.

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Las palabras son sus lianas. Va de una cosa a otra sin tocar el suelo, sin pisar remotamente tierra firme.

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Los días están ahí. Sólo hace falta ponerse a buscarlos.

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No cejar en la escucha, escuchar con tal intensidad que por fin alguien, cualquiera, se sienta obligado a hablar.

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¿Por qué la página en blanco? Es el escenario reducido a la mínima expresión. Allí cualquier gesto, por pequeño que sea, es un fogonazo.

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No tengo secretos: vivo en ellos.




ANA PÉREZ CAÑAMARES
Ley de conservación del momento
La Isla de Siltolá
Sevilla
2016
79 págs.


Para escuchar la armonía del mundo, entre las voces de la mente hay que buscar la que calla.

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Barrer las esquinas del cerebro y sorprenderme de que sean redondeadas: las aristas y los ángulos los pongo yo.

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Más útil que subir y bajar escaleras es aprender a vivir en el equilibrio de un peldaño.

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El cuerpo es el último desván que nos queda para escondernos.

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La invisibilidad es un superpoder a nuestro alcance. Su archienemigo es el ego.

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No son tesoros los que nos falta, sino islas donde enterrarlos.

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Para que nos engañen, uno siempre tiene que poner algo de su parte.

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Entre los que pronostican una desgracia, hay dos tipos de gente: los que se alivian de no llevar la razón y los que prefieren que se cumpla para no perderla.

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Detrás de un provocador siempre hay un niño que quiere llamar la atención.

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A veces sufrir es sólo darse importancia.

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Hay un límite para la cantidad de intimidad ajena que somos capaces de soportar.

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El narcisista llora dos veces: por su dolor y por el reflejo de su dolor.

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Celebrar la materia como un milagro es un camino directo a la espiritualidad.

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El principal problema de la religión es que la gente se toma las metáforas literalmente.

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Cuando la ciudad más grande se nos queda pequeña, es hora de volverse hacia el universo de un bosque.

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Todas las ruinas son sagradas porque alguien un día las llamó hogar.

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Antes de menospreciar lo frágil, hay que preguntarse desde cuándo existe y si es posible que nos sobreviva.

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Sólo lo sencillo nos presta amparo.

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Yo sólo soy la conciencia del milagro que se desconoce a sí mismo.

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Si el asombro es auténtico, nada hay que se repita.

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Escribir para pensar más hondo y sentir más claro.

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El poeta cree en las comparaciones, las imágenes y las metáforas como forma de conocimiento científico.

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Escribir es chocarse una y otra vez con nuestros límites. El poeta es polilla, las palabras son pantalla, la poesía es la luz.

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El viaje de la vida siempre es de vuelta.

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La muerte resucita en cada muerto.

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Vivir es reescribir. Escribir es revivir.

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La sensación de eternidad se pasa. Pero vuelve.

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Todo lo que tiene precio está sobrevalorado.

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A partir de cierta edad, se consigue ser feliz a pesar de.

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Para ser felices, necesitamos pocas cosas, pero es primordial que no sean sucedáneos de nada.

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Un sano equilibrio entre duda y radicalidad podría mantenernos siempre jóvenes.

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Si superásemos el vértigo, la falta de sentido sería una fiesta continua.

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Si se nos acaban los calificativos, es que va siendo hora de los verbos.

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Cuando la actualidad me persigue, me refugio en el presente.









Felix Trull: del aforista anónimo

Se reúnen aquí varios aforismos en torno a una constatación inquietante que cualquier aforista ha tenido oportunidad de hacer en algún momento de su quehacer: la sensación de que cualquiera de sus frases bien podría habría firmado casi cualquier otro aforista, y viceversa, que él mismo podría haber escrito casi cualquier aforismo de casi cualquier otro autor.


Gabriel Insausti: lo que la ruina ignora

Reseña de Saque de lengua, el último libro de aforismos del escritor vasco Gabriel Insausti, merecedor del V Premio Internacional de Aforismos José Bergamín. En opinión del comentarista, "los aforismos de Saque de lengua no tienen nada de banales, al revés, casi siempre ponen el dedo en la llaga, permitiéndose muy pocas concesiones a esa galería siempre presta a quedarse a la carta más asequible".


Los sofismas de Vicente Núñez

Vicente Núñez (Aguilar de la Frontera, Córdoba, 1926 - 2002) empezó a publicar sus peculiares 'sofismas' en octubre de 1987, y siguió haciéndolo prácticamente hasta su muerte en las páginas de los periódicos Córdoba y El Correo de Andalucía. Estos sofismas se recogieron en volumen en varias ocasiones. En El Aforista compartimos algunos de los aforismos de este libro que más nos han llamado la atención.