Nicolás Gómez Dávila: dudar de la duda


Nicolás Gómez Dávila (1913-1994) fue un escritor y filósofo colombiano, destacado detractor de la la modernidad. Alcanzó reconocimiento internacional sólo unos años antes de su fallecimiento, gracias a las traducciones alemanas de algunas de sus obras. Según David Carril, "quien se enfrenta por vez primera a Gómez Dávila debe sentir algo parecido a lo que siente el muchacho díscolo en el colegio ante el severo maestro que le reprende a causa de su ignorancia. Pero esto es solo la primera impresión: el severo moralista que parece fulminarnos con su vasta erudición esconde también un auténtico esteta y un fino degustador del arte. Las incursiones que nuestro autor realiza en los dominios de la literatura no son menos que las que hace en el de la moral. Y es que en la obra de este colombiano- aristócrata, marginal, pensador anti académico- quizás una cosa esté relacionada de forma íntima con la otra: la belleza como moral- o como signo de moral- la moral como otra manifestación del espíritu elevado: El esnobismo literario es imprescindible virtud. Gómez Dávila no reniega de su pertenencia a un mundo muerto, superado por la nivelación del espíritu y el desarrollo de la ciencia y la democracia. Productos ambos que Gómez Dávila rechaza desde un conservadurismo que no se esconde pero que -no hay que olvidar- ha sido remodelado e influido en cierto sentido por el propio mundo moderno. 


Nuestro autor no tiene dudas al respecto: la modernidad la inventó el mismísimo Diablo. Toda su obra surge como reacción a esa modernidad ilustrada y progresista, demócrata y niveladora, aburrida en el arte y fea en la moral: Más que la inmoralidad del mundo actual, es su fealdad creciente la que invita a soñar en un claustro. Como decíamos, la obra de Dávila no es impermeable a los complejos senderos de la modernidad y sus secuelas contemporáneas. No por casualidad no es la suya una obra destilada en grandes manuales escolásticos, sino que está impregnada del espíritu que desde Chamfort hasta Nietzsche hace confiar en el aforismo y el fragmento como promesa de una razón que pretende saltar por encima de las tediosas mediaciones de la argumentación y el pensamiento “claro y distinto” que propugnaba ya Descartes".

Los aforismos que presentamos han sido extraídos de su libro fundamental (y monumental, por su extensión y también por su ambición) Escolios a un texto implícito.



El momento de mayor lucidez del hombre es aquel en que duda de su duda.


El primer paso de la sabiduría esta en admitir, con buen humor, que nuestras ideas no tienen por qué interesar a nadie.


Negarse a admirar es la marca de la bestia.


El libro que no escandalice un poco al experto no tiene razón de existir.


La ciencia no ha contestado ni una sola pregunta importante.


El que no sabe condenar sin temor no sabe apreciar sin miedo.


No sabemos a fondo sino lo que no nos sentimos capaces de enseñar.


Educar al individuo consiste en enseñarle a desconfiar de las ideas que se le ocurren.


Nadie piensa seriamente mientras la originalidad le importa.


Ninguna idea que necesite apoyo la merece.


Se aproxima la época en que la naturaleza, desalojada por el hombre, no sobrevivirá sino en herbarios y en museos.


El hombre actual no vive en el espacio y en el tiempo. Sino en la geometría y los cronómetros.


Con la aparición de relaciones “racionales” entre los individuos, se inicia el proceso de putrefacción de una sociedad.


Las almas modernas ni siquiera se corrompen, se oxidan.


Temblemos si no sentimos, en este abyecto mundo moderno, que el prójimo, cada día, es menos nuestro semejante.


Mientras el hombre no despierte de su actual borrachera de soberbia, nada vale la pena intentar. Sólo miradas que no desenfoca el orgullo logran esa visión lúcida del mundo que confirma nuestra prédica.


El hombre moderno trata al universo como un demente a un idiota.


La historia moderna es el diálogo entre dos hombres: uno que cree en Dios, otro que se cree dios.


Los hombres se reparten entre los que se complican la vida para ganarse el alma y los que se gastan el alma para facilitarse la vida.


El mundo moderno no será castigado. Es el castigo.