Belleza justamente efímera: del diario de K.


Karmelo C. Iribarren (San Sebastián, 1959) es un reconocido poeta que, tras muchos años de creación al margen de los circuitos convencionales, se ha consolidado como una voz propia dentro del panorama lírico nacional. Entre los escritores y obras de los que admite sentirse cerca se encuentran la prosa de Pío Baroja y Josep Pla o de los norteamericanos Bukowski, Carver, Fante y Shepard, además de la novela negra en general con Raymond Chandler en cabeza pero también Hammett, Cain, Macdonald y otros. Sus libros se recopilan en Seguro que esta historia te suena. Poesía completa (1985-2015), publicada por Renacimiento, y que ya alcanza la tercera edición. Aparte, Iribarren plasma sus impresiones cotidianas en El diario de K., un dietario en la tradición de los moralistas franceses, en especial de Jules Renard, en cuyo espejo el autor se refleja sin rebozo y con delectación. De esta obra extraemos, con el consentiento del autor, los aforismos que presentamos a continuación.


A partir de los cincuenta estar vivo es peligrosísimo, puede pasarte de todo.


La rutina tiene muy mala fama, pero es gracias a ella que seguimos adelante. De otra manera, la vida nos asustaría tanto que, más de una vez, nos quedaríamos paralizados, como un conejo en la carretera frente a los focos de un coche. Porque lo inesperado es asumible cuando sabemos que es raro que suceda, pero sería insoportable si fuese lo normal en la vida.


Como tengo ya unos años, no creo que a mí me llegue a afectar, me refiero al aspecto legal. Pero esta falta de entusiasmo acabará estando prohibida.


Salvo que puedas permitírtelo, a partir de una edad es muy importante que no se note (o que no se note demasiado), que no sabes qué hacer con tu vida.


Esta mañana, al salir de la ducha, he estado a punto de partirme la crisma. Imaginaros qué pérdida para la historia de la literatura -dije ayer en el bar. Y no miró nadie.


Fingiendo se entiende la gente.


El éxito me mira, y yo a él, cada uno en su sitio, respetándonos.


Los buenos recuerdos son como monedas sin curso legal y nulo valor numismático.


Pisar una flor está al otro lado de la épica.


Como pequeñas escaramuzas contra el tiempo, vamos matando los ratos.


Los cementerios de coches producen "la melancolía del hierro".


Parece ser que varios "críticos" han decidido no prorrogarme el beneficio de la duda.


Recordarte me duele como al viento la soledad del páramo en la madrugada...


Problema y solución: "El mundo sigue sin gustarme, pero la vida me parece irresistible".


Aun cuando esté justificada, la alegría que te pueda producir el mal ajeno será siempre de baja calidad.


El amor siempre sabe cómo hacerse inevitable.


Es de justicia que la belleza sea efímera.


Todos sus enemigos han muerto, y se aburre.


Aforista: trapecista.


Era bella y mala y, gran paradoja, pobre.


Cuando sólo te admiten, lo mejor es irse.


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